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Flora y Fauna - El Algarrobo - |
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El Algarrobo El algarrobo no es un árbol, son cuatro especies.
Su nombre se lo pusieron los españoles de la conquista por su parecido
con la especie española así nombrada (Ceratonia siliqua). La
palabra deriva del árabe "al carob", que significa "el árbol".
Los indígenas del norte argentino lo llamaban Takku, voz quechua
que también significa "el árbol". Considerado desde antiguo la más
preciada ofrenda de los dioses, tuvo categoría de divino por la cantidad
de usos y aplicaciones: el follaje les daba sombra, su fruto les
permitía hacer comidas, dulces, bebidas,- con su madera tenían calor y
abrigo, la corteza brindaba colorantes para los tejidos, las hojas y la
misma corteza servían para curtir y aún hallaban la forma para curar
afecciones del cuerpo. Las crónicas son claras al hablar de los grandes
algarrobales que cubrían no sólo una parte del territorio cordobés, sino
también grandes zonas del noroeste y Cuyo.
Diferentes pueblos aborígenes centraban parte de su vida en ellos. Según escritos del padre Lozano, "hacían pan, llamado patay,
tan dulce que empalaga, y de él se sustentan los naturales".
A la vez, éstos fabricaban bebidas alcohólicas, como la aloja, de la que
Ulrico Schmidl (primer cronista del Río de La Plata) opinó: "Con la
algarroba hacen también un vino muy bueno, tanto como allá en Alemania
el hidromiel". En cuanto a los aborígenes de Córdoba, Félix Alberto
Torres sostiene que "tenían al maíz como su principal alimento, pero que
cuando las cosechas fracasaban, eran capaces de luchar por la tenencia
de algarrobales, que junto con el fruto del chañar complementaban la
dieta alimentaría". No hay
mayor referencia documental en lo que se refiere a esto, pero se supone
que la recolección de algarroba que hacían en enero, se destinaba en
gran parte a la fabricación de bebidas, ya que informes de Sotelo
Narváez nos dicen que "comen... poca algarroba" (Serrano). Nuestra
visión moderna coincide con la de "los antiguos", en destacar los
beneficios que ofrecen los algarrobos.
Su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico en el suelo, y
hacerlo aprovechable por otras plantas, permite utilizarlo como
fertilizador de pasturas para el ganado.
Su efecto beneficioso continúa: su copa protege al ganado de los
calores estivales. aumentando su productividad (bajo su sombra suave los
pastos crecen más tiernos y sufren menos los rigores del invierno) y sus
frutos -de alto valor proteico- complementan la dieta del ganado. A todo esto se suma su gran resistencia a la sequía, que
lo hace apto para su cultivo en zonas áridas.
Otros países del mundo (Estados Unidos, México, Israel, Brasil,
Polinesia y algunas naciones africanas), adelantándosenos, ya aprovechan
la capacidad de los algarrobos para recuperar áreas degradadas, con
semillas obtenidas en nuestra región.
Algunos grupos de investigación y extensión de la Universidad Nacional
de Córdoba -como la Cátedra Manejo de Áreas Marginales proponen al
algarrobo como pieza clave para el desarrollo de nuestras regiones
marginales, para revertir sus cuadros socioeconómicos y ecológicos.
Lamentablemente, todo indica que, a pesar de estas posibilidades,
terminarán convirtiéndose meramente en muebles.
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